sin repetir ni equivocarse
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Tal como del 99% de las cosas y personas, me aburrí de este blog.
Pero no del hecho de tener uno. Hasta que no tenga un siquiatra, una vida o alguien que me estime mucho como para aguantar un audio-blog in her face, tendré uno. Click acá.
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Low perfil
Hoy me di cuenta de lo desapercibido que pasé en esa universidad. Estaba en los computadores de la biblioteca esperando que Shó volviera con un lápiz y anotar la info para la bibliografía tesística, cuando una mina de la carrera, que estaba un año más abajo que yo, se acerca. ¿Necesitas el computador? le pregunto haciendo gala de mi politeness. "Sí", me responde y, al ver que yo había alcanzado a anotar "Van Dijk" en el campo de búsqueda, me pregunta: - ¿Eres de periodismo? - Ajá- respondo, sin saber si en realidad debí haber respondido "era". - ¿De primero? - (Eeh... tanta cara de pendejo tengo?) No, de... ehm, de sexto. Estoy entregando mi tesis y vine a sacar los datos de la bibliografía. - Qué loco, nunca te había visto. - ¿En serio? Qué freak, yo a ti sí. - Jajaja.
Fin. Nadie me conoce. No dejé ninguna huella, no contribuí a cambiar nada, ni siquiera cuando fui vicepresidente del centro de alumnos más funesto de la historia de esa carrera. Ni por eso me conocieron las nuevas generaciones, diablos! Tengo vocación de bajo perfil. Lo cual puede resultar muy conveniente en las circunstancias óptimas, pero por ahora, sólo significa falta de capacidad caótica. Pienso que si ahora estuviese en primero, alegaría más, pero por lo que realmente importa. No por Flaitelandia, digamos. Estoy seguro que al menos una contribución habría hecho. Al enfrentamiento, quizás. A que la gente se mirara a la cara, hablara de sus diferencias y se agarrara a combos de haber sido necesario. No es que me importe mucho cambiar Ufrolandia, pero igual. Como pendejamente sólo pienso en mí y en los que me caen bien, me gusta hacer que el mundo se parezca más al país de mi cabeza.
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Tolerancia cero
Todavía no me aprendo las nuevas frecuencias de los canales del monopolio. Pongo instintiva y torpemente 25 o 50 cuando quiero ver Fox o Vía X, y me demoro tres segundos en procesar que ya nada es como antes. Cada vez me gustan más las series juveniles como The OC o Life as we know it o One tree hill. Cuando la última estaba empezando, grité "déjala ahí" y recibí de vuelta un "en serio la veís?". Sí, en serio la veo. Sé que no son adrenalínicas como una persecución de jeeps ni te hacen pensar en qué clase de teoría matemático-filosófica habrá detrás de su enigma central, ni me parece buena idea comprarme las temporadas en DVD, pero su público objetivo son los pendejos de hormonas caóticas y, ya deberían saberlo, yo aún no supero esa etapa. Debe ser por eso que pesco a Ñaño y sus ímpetus post-adolescentes con síndrome de Peter Pan. Debe ser por eso que me pongo nerviosito y se me extingue la irregular labia que tengo cuando están la Gisella y sus amigas, aunque ni siquiera me interese concretar algo con alguna.
Por mientras, rayo viendo una y otra vez Pi y Almost Famous, dualidad cinematográfica que vendría siendo algo así como la representación semiótico-pragmática de mi propia bipolaridad reflejada en las elecciones de la industria cultural. Demonios, quiero dar ese examen luego, por la mierda! Estoy verdaderamente empelotado que me pregunten "y cuándo lo dái?" "y después qué vái a hacer?" "milagro que terminaste esa tesis". Justicia humana: yo jodo con las mismas preguntas. Es que me gusta que las cosas vayan más rápido.
Se me quebró la cosa que afirma el audífono izquierdo de mi discman. Camila intentó pegarlo con La Gotita, yo manoseé el envase y me quedé con pedazos de La Gotita en los dedos que diez lavados de mano no han logrado sacar.
Me voy a acostar, a divagar para resolver el dilema de si soy o no intolerante, y a leer hasta que amanezca.
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Son las 4:25 am. Me quedé dormido tempranísimo -a las 12-, me perdí Los Simpson subtitulados, desperté recién y adquirí un odioso y súbito dolor de garganta.
Rechacé una invitación de Korda para ir a alcoholizarme a su casa con personajes de la calaña de Beltrán. Ultimamente soy especialista en rechazar invitaciones. Mi madre, contra todo pronóstico, me dice que salga más de la casa. Aun cuando pienso que lo realmente grave es el encierro mental, le hago caso. Aunque en algunos periodos lo hago, estar todo el día encerrado en la casa me parece asfixiante y pienso que por eso nunca podré escribir algo en serio. No puedo incorporar esa imagen del sicópata frente a la máquina de escribir, el notebook o lo que sea, escribiendo doce horas diarias y consumiendo cafeína como adicto. Necesito aire. Necesito mirar gente, aunque no les hable. En el verano y unas semanas después lo único que me hacía estar bien de la cabeza era salir. Salir a caminar una hora o una hora y media diarias, ir al centro y volver, ver la cartelera del cine, saludar a fantasmas del pasado y, cuando andaba con paciencia, contestar el cuestionario de rigor. Ver a los giles con pantalones verdes y carteles de Wal Mart, pensar "y si hiciera esto una semana, o medio día, por último tendría costeado el 12% de mi futuro eMac" y no decidirme nunca. Creer que hay peores torturas que no tener una sola mierda que hacer en todo el día.
Y ahora estoy volviendo a la rutina demoníaca. Creo que debería terminarse en esta semana, cuando Carlos haya regresado y nos diga rascándose la barba "ya maestros, ehm, fijamos el examen para, ehm, el próximo miércoles" y yo trague saliva y tenga una convulsión en el acto. Por mientras, me invento problemas estúpidos del tipo "no puedo traspasar mis fotos al computador", "tengo dolor de garganta", "mis horas de sueño" o "me perdí SQP". Para dejar en carpeta los problemas grandes, los problemas reales.
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Así es
Así es poh. Este blog debería morir de una vez por todas. Así podría ocupar tiempo y dedos en otras cosas. Parecidas, a lo mejor. Pero no. No se deja.
Anoche escribí un post muy lamentable que, en una acertada decisión, transformé en privado. Detesto censurarme, es de losers y yo no lo soy (...). Pero debo proteger a los inocentes. Un par de horas después tuve una horrible pesadilla. Ok, llevo más de cinco años soñando con que vuelvo a cuarto medio y no puedo salir de ahí, que estoy en una mezcla de colegio y universidad de la que no puedo salir hasta que suene un puto timbre, que dejo cosas botadas por estar obligado a permanecer ahí. Pero el sueño de ayer fue aún más desagradable y, como es obvio, la culpa de eso la tienen ciertos hechos acontecidos anoche. Hay gente que siente vergüenza ajena propia. Yo también, a veces. Pero últimamente me voy acostumbrando a ese sentimiento de desprenderme de mí mismo y mirarme desde una barra, mirar el espectáculo patético que estoy dando y decirle al del lado "oye, mira ese pobre hueón" mientras yo no me entero de nada y creo que estoy en el capítulo piloto de una sitcom que nunca se realizará.
En el sueño de anoche -que tenía un colorido muy desteñido, como de película de Hallmark- había prueba de algo y, obvio, yo no había estudiado nada. No recordaba ninguna clase anterior, por lo que deducía que falté a todas. Y me quedaba claro que si me iba mal en esa prueba, no iba a poder subir el promedio y pagaría las consecuencias naturales: cuarto medio para siempre, uniforme para siempre, no escapatoria, no futuro. Era un sentimiento angustiante. Hay gente que sueña que se cae o que muere en un accidente automovilístico. Yo sueño que estoy en el colegio y que estaré ahí por los siglos de los siglos. Cuando más chico soñaba que deambulaba por los pasillos del edificio de mis tíos en Santiago, pero con la particularidad de que el techo era el piso y viceversa, que yo estaba al revés y todos los demás estaban bien. Que subía las escaleras por debajo, pero que en realidad bajaba. ¿Se entiende? También soñaba otras cosas, que por pudor y respeto al lector no relataré. Pero siempre he tenido mi sueño frikeante de temporada. Siempre repetitivo, siempre desesperante. El problema es que el de ahora lleva demasiado tiempo. Lo mismo que su primo hermano: las escaleras con más o menos peldaños.
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Citando a Nelson Muntz, "HA HA".
Y es como todo lo que tengo que decir. Pero no pero sí.
No sé qué demonios me está pasando. Algo está cambiando y la culpa de todo la tiene Ñaño. Así es. Así es, po. Podrán decir que escribí esto ebrio, pero les juro que no es cierto. Sólo estoy tratando de desintoxicarme. Llegué y no hay Coca Cola. Me gustó la Camila y qué. Tiene 17 y eso me convierte en una especie de Lavandero pero sin los millones, y qué. Tiene frenillos, y qué. Vi a la Fernanda convertida en una iceberg-girl bailando arriba de un iceberg esperando que alguien la traslade en el tiempo y en el espacio. Después la vi bailando y ya ni estoy seguro si era ella o no. Blej. Vi a John Mc Kay!, eso ya es como el colmo, perdón Shó, sé que es como tu ex-cuñado y todo, pero no podía dejar de mencionarlo. Me gustó la rubia de intercambio, Aby o Anny o who fuckin cares si tiene 17 y es rubia y está de intercambio y se sienta arriba de sus imberbes compañeros de curso. No me da vergüenza que unas pendejas de 17 me enseñen a tomar tequila, es más, me da gusto. Me gustaría que en la Iceberg tocaran human disco ball ball ball ball, sexo para ti, canciones para mí, quiero televisión.
Y así la cosa, compadre. Lo que pasó pasó entre tú y yo. O entre los seis. Juro quedarme callado. Acthú!, exclamo. Creo que me resfrié. Quiero dar el puto examen de grado luego! Quiero conocer a cierta persona que cerró su blog y que es probablemente la única persona de sexo femenino que logra estar en mi memoria caché todo el día.
Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeep. Mañana no tengo almuerzo así que estoy como obligado a ir a mierdonalds.
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